Nuevamente el gobierno nos entrega una campaña contra el sida sin condones. Esta es una campaña que pone todas sus fichas en la detección, por sobre la educación como prevención. Dado que el correcto uso del condón es la más efectiva forma de prevenir el contagio durante el sexo, ¿por qué la "alergia al látex" del gobierno? Aventuro aquí una respuesta: su eliminación de la campaña es porque quienes nos gobiernan hoy saben que el condón es tanto más que látex.
El condón importa. Como estrategia preventiva, el condón pone el énfasis en ciudadanos activos, que toman decisiones sobre sus cuerpos. El condón muestra que hombres y mujeres pueden y deben tomar pasos concretos para protegerse y proteger a otros del VIH/sida, de enfermedades de transmisión sexual, y del embarazo no deseado. La educación sobre el condón enfatiza la autonomía decisoria y, por lo tanto, política de ciudadanas y ciudadanos.
El condón importa, porque es parte de un arsenal que nos permite decidir qué, cómo, cuándo, dónde, con quién y con qué finalidad mantenemos relaciones sexuales, desarrollamos nuestra afectividad, y expresamos nuestras identidades. El acceso garantizado a tecnologías de auto-cuidado--que en su totalidad incluyen el acceso a una educación sexual integral, la anticoncepción y el aborto libre, seguro y gratuito--devuelven a las personas el control sobre su sexualidad, otorgándoles capacidad de acción, además de responsabilidad sobre sus acciones. Esto es lo que llamamos "ciudadanía sexual."
El condón importa, porque como paso previo al sexo evoca esa gran lucha del feminismo que consagró como un derecho inalienable de las personas el poder decidir tener o no sexo, y bajo qué condiciones. Esto es lo que conocemos como consentimiento: un acuerdo entre las partes que permite discernir y acordar de modo consciente y explícito las condiciones bajo las que se mantendrán relaciones sexuales. El condón es una barrera, y como tal es espacio para conversar. El condón igualiza, creando un espacio activo de deliberación sobre el sexo: tanto para hombres como mujeres, el condón crea un espacio de autodeterminación sexual.
Y estas son las razones por las que el condón causa escozor en el gobierno. Su remoción del lugar privilegiado que le pertenece dentro de una campaña preventiva no es simplemente la expresión irracional de un pechoñismo pequeño-burgués que será eventualmente superado. Considerado en conjunto con el desplazamiento del enfoque de la campaña sobre el cuerpo de la mujer embarazada--esto es, la activa patologización de la madre como potencial riesgo para su hijo--su ausencia aparece como parte de una estrategia alevosa del reaccionarismo radicalizado cuyo fin es limitar el control de nuestro cuerpo y por lo tanto nuestra ciudadanía.
El gobierno, nuevamente, se niega a hablarnos de sexualidad. Se rehusa a reconocer la sexualidad como un elemento intrínseco del ser-ciudadano. Su postura sigue siendo que sexo, género y sexualidad son "asuntos privados"--toda vez que la decisión de marginar estos temas del Estado es netamente política. Es así que se entiende además por qué los condones han ido desapareciendo progresivamente de la salud pública, o que en el "ofertón" de programas de educación sexual el condón haya sido puesto en un lugar subsidiario. La privatización del sexo es ideológica, pero sus efectos netos son reales. En este caso la negligencia del gobierno se traduce en más ignorancia, más contagios innecesarios, y más muertes.
Por la razón, y con condón. Eliminar el enfoque sobre el condón niega el libre ejercicio de nuestra sexualidad. Borrarlo limita nuestra ciudadanía convirtiéndonos en actores pasivos frente a decisiones que afectan a nuestros cuerpos. Evitarlo es perpetuar el sexo como escena primordial de la desigualdad. El condón es tanto más que látex y tanto más que un método preventivo: es también una forma de hacer ciudadanía.
por Iñigo Adriasola, para Estadista.org
Imagen: "Salvavidas." Campaña pro-uso del condón del Gobierno de Australia, c 1990.
27.11.11
4.10.11
¿Quién es maricón?
La semana pasada, panfletos homofóbicos aparecieron en varios puntos de Santiago. Los panfletos denostaban a Jordi Castell, quien aparece en la campaña contra la violencia intrafamiliar del Sernam. Movilh repudió el panfleto. Castell interpuso una querella contra quienes resulten responsables; el Sernam lo secundó.
El panfleto en cuestión reza, "Hasta cuándo en este país se le lava la imagen a los maricones." Continúa implicando que con su campaña, el Sernam se ha acometido al trabajo de normalizar la homosexualidad. Dice que si bien la violencia intrafamiliar es un gran problema, y que sus anónimos autores "no somos homofóbicos" es necesario que el Sernam ponga fin a su campaña ya que "de seguir así las mujeres se quedarán sin sus hombres..." y "los futuros chilenos serán mojones con patas."
Aun con toda la solidaridad que se merece alguien que ha sido objeto de un ataque del tipo–tan burdo y grosero como éste fue–creo necesario hacer algunos alcances. Es necesario, porque este episodio da visibilidad a un problema que es significativo: primero, el establecimiento de una homosexualidad "bien" por parte del Estado; y, segundo, la contínua criminalización de quienes caen fuera de esta norma–el "maricón."
En este sentido, hay una frase en el panfleto que me llamó la atención. Esto, debido en parte por su cualidad casi tautológica: "Maricón es aquel que le gusta el pico." Encuentro que ésta es una definición útil–hay una equivalencia que se establece y que podemos evaluar con relativa facilidad. Ciertamente hay algo falso en esta sentencia, porque sabemos que no a todo quien le gusta el "pico" se identifica como maricón (u homosexual, o gay), ni a todo maricón le gusta el "pico"–la sexualidad en la práctica es, después de todo, bastante más complicada que los términos con los que precariamente tratamos de empaquetarla.
Sin embargo hay algo productivo que emerge de esta frase: algo que nos ayuda a pensar sobre sexualidad. Por que en esta frase se subraya el vínculo entre práctica sexual e identidad. Y esto es algo que hemos visto divorciado tanto en el discurso sobre sexualidad del Gobierno, como en el altamente mediatizado discurso de la Fundación Iguales de Pablo Simonetti (así como también en el de Movilh). Aquí, como maricón feminista, hay algo que agradecer.
Hay una cierta ironía en este caso. Es en realidad la campaña del Sernam la que de cierto modo crea las condiciones para el ataque homofóbico contra Castell. Esta segunda campaña contra violencia intrafamiliar del Sernam repite violentamente la misma estructura homofóbica de la primera. "Maricón 2.0" continua basándose en la criminalización y marginalización de ciertas formas de vivir la identidad sexual. Como escribí el año pasado a propósito de la primera versión de esta campaña, "maricón" es alguien que no aparece en la imagen. Es un Otro contra quien se re-dirige la violencia machista que se encuentra a la base de la violencia intrafamiliar.
Al contrario de lo que el autor del panfleto creería, el objetivo de la campaña del Sernam es finalmente subrayar la criminalidad del maricón ("aquel que le gusta el pico"). La imagen de Jordi Castell, en tanto, se transforma en un símbolo que toma el lugar de lo que sería una sexualidad aceptable–una sexualidad sin sexo, que se traduce más bien en una opción de consumo.
"Diselo al que se lo merece." Si bien, los autores del panfleto equivocan en su interpretación de los efectos de la campaña del Sernam, para nuestro propósito subrayan un proceso importante: la progresiva eliminación del cuerpo que desea como base y condición de una verdadera política sexual. Un ejemplo de esto, es la cooptación por parte del conservadurismo de nuestra reivindicación de igualdad ante la ley como garantía mínima de dignidad, y su transformación en un discurso de respetabilidad pequeño-burguesa.
En todo caso, el efecto más grave de ignorar que nuestra lucha es en realidad por cuerpos y vidas que desean, se da en la perpetuación de la violencia contra el Otro. Esta es una violencia que vemos de ya en este incidente, y en tantos otros ejemplos de violencia que hemos presenciado en el transcurso de este año. El Sernam es cómplice de esta violencia.
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Posteado en el blog del Observatorio de Género y Equidad (1 de octubre).
Crosspost en el blog Curvas Políticas y Estadista.org (1 de octubre).
El panfleto en cuestión reza, "Hasta cuándo en este país se le lava la imagen a los maricones." Continúa implicando que con su campaña, el Sernam se ha acometido al trabajo de normalizar la homosexualidad. Dice que si bien la violencia intrafamiliar es un gran problema, y que sus anónimos autores "no somos homofóbicos" es necesario que el Sernam ponga fin a su campaña ya que "de seguir así las mujeres se quedarán sin sus hombres..." y "los futuros chilenos serán mojones con patas."
Aun con toda la solidaridad que se merece alguien que ha sido objeto de un ataque del tipo–tan burdo y grosero como éste fue–creo necesario hacer algunos alcances. Es necesario, porque este episodio da visibilidad a un problema que es significativo: primero, el establecimiento de una homosexualidad "bien" por parte del Estado; y, segundo, la contínua criminalización de quienes caen fuera de esta norma–el "maricón."
En este sentido, hay una frase en el panfleto que me llamó la atención. Esto, debido en parte por su cualidad casi tautológica: "Maricón es aquel que le gusta el pico." Encuentro que ésta es una definición útil–hay una equivalencia que se establece y que podemos evaluar con relativa facilidad. Ciertamente hay algo falso en esta sentencia, porque sabemos que no a todo quien le gusta el "pico" se identifica como maricón (u homosexual, o gay), ni a todo maricón le gusta el "pico"–la sexualidad en la práctica es, después de todo, bastante más complicada que los términos con los que precariamente tratamos de empaquetarla.
Sin embargo hay algo productivo que emerge de esta frase: algo que nos ayuda a pensar sobre sexualidad. Por que en esta frase se subraya el vínculo entre práctica sexual e identidad. Y esto es algo que hemos visto divorciado tanto en el discurso sobre sexualidad del Gobierno, como en el altamente mediatizado discurso de la Fundación Iguales de Pablo Simonetti (así como también en el de Movilh). Aquí, como maricón feminista, hay algo que agradecer.
Hay una cierta ironía en este caso. Es en realidad la campaña del Sernam la que de cierto modo crea las condiciones para el ataque homofóbico contra Castell. Esta segunda campaña contra violencia intrafamiliar del Sernam repite violentamente la misma estructura homofóbica de la primera. "Maricón 2.0" continua basándose en la criminalización y marginalización de ciertas formas de vivir la identidad sexual. Como escribí el año pasado a propósito de la primera versión de esta campaña, "maricón" es alguien que no aparece en la imagen. Es un Otro contra quien se re-dirige la violencia machista que se encuentra a la base de la violencia intrafamiliar.
Al contrario de lo que el autor del panfleto creería, el objetivo de la campaña del Sernam es finalmente subrayar la criminalidad del maricón ("aquel que le gusta el pico"). La imagen de Jordi Castell, en tanto, se transforma en un símbolo que toma el lugar de lo que sería una sexualidad aceptable–una sexualidad sin sexo, que se traduce más bien en una opción de consumo.
"Diselo al que se lo merece." Si bien, los autores del panfleto equivocan en su interpretación de los efectos de la campaña del Sernam, para nuestro propósito subrayan un proceso importante: la progresiva eliminación del cuerpo que desea como base y condición de una verdadera política sexual. Un ejemplo de esto, es la cooptación por parte del conservadurismo de nuestra reivindicación de igualdad ante la ley como garantía mínima de dignidad, y su transformación en un discurso de respetabilidad pequeño-burguesa.
En todo caso, el efecto más grave de ignorar que nuestra lucha es en realidad por cuerpos y vidas que desean, se da en la perpetuación de la violencia contra el Otro. Esta es una violencia que vemos de ya en este incidente, y en tantos otros ejemplos de violencia que hemos presenciado en el transcurso de este año. El Sernam es cómplice de esta violencia.
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Posteado en el blog del Observatorio de Género y Equidad (1 de octubre).
Crosspost en el blog Curvas Políticas y Estadista.org (1 de octubre).
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