3.2.12

Falsas Equivalencias

Falsas equivalencias
por Iñigo Adriasola, para estadista.org



El video muestra a dos mujeres mapuche, en la comunidad José Jineo Ñanco, en el sur de Chile. Una de ellas acarrea a un niño en brazos. La cámara nos las muestra de espaldas. Ellas miran hacia adelante; gritan contra alguien. Vemos a dos carabineros, vestidos en el uniforme de "fuerzas especiales" avanzar hacia la cámara.

(En inglés ese uniforme se conoce como riot gear, ya definido por su nombre como equipo destinado para controlar una revuelta. Un par de personas en un potrero solitario, en algún lugar aislado en el sur de Chile, ¿califica como tal?)

Las mujeres se enfrentan a carabineros. Lo hacen porque se defienden tras días, semanas, años, décadas, siglos de vejámenes, realizados en nombre de una "paz" que ellas hoy, más que nunca, saben que no es la suya. Esa paz que ayer fue despojo y hoy viste de verde--con cascos, con chalecos anti-balas, con guantes, rodilleras, protectores, con semiautomáticas--y que avanza y domina la pantalla.

Los oficiales las golpean. Ellas, son dos mujeres, y un niño. Un oficial apunta su arma de servicio contra ellas. Ellas no tienen nada más que su voz. Una voz en off cuyo grito desgarrador nos pide al final del video, "Ayuda."

Gracias a la difusión de tecnologías digitales--las mismas que también hoy son utilizadas contra la ciudadanía como método de control y vigilancia durante la protesta--esta vez se cumple el objetivo de levantar un testimonio. A través del video somos testigos de la violencia de Estado contra mapuches, contra mujeres, contra niños. Vemos, y volvemos a ver múltiples veces, una escena absurda: el ejercicio de un poder abusivo y completamente desproporcionado contra civiles indefensos. (Valga añadir, a tan solo días de manifestarse la preocupación del Poder Judicial frente a este tipo de abusos, que contravienen la normativa nacional e internacional a la que nuestro país suscribe.)

Este testimonio, no se convierte en testimonio por su rareza o improbabilidad. El video nos golpea también a nosotros quienes lo vemos, por lo que nos da a entender--a saber, que esto ha ocurrido tantísimas veces, y que no lo hemos visto, porque preferimos no ver. Lo que el video nos recuerda es lo siguiente: que hoy, como ayer, en el conflicto con el pueblo mapuche, un gobierno en crisis de legitimidad elige ejercer la violencia como política legitimatoria--sin reparar en cómo continúa deslegitimando al Estado al abusar de su monopolio por sobre la fuerza.

El video nos permite constatar que en su batalla por el control--ese mismo control y gobernabilidad que hoy se revelan tan precarios--no importa que el objeto de la violencia sean mujeres, hombres, estudiantes, mapuches, adultos mayores, niños. Sin embargo, resulta impactante constatar el daño, cuando se trata tan claramente de civiles indefensos--mujeres, niños--, ante los que el gobierno hace valer la soberanía vistiéndola con la ropa de la fuerza bruta.

Y sin embargo, en el video, volvemos a ver: dos mujeres, un niño, mapuches.

En su único comentario sobre el incidente, la persona encargada de velar por las políticas de género e igualdad del gobierno sugirió que esta era tan solo una violencia más. "Condenamos la violencia de donde provenga," escribió en su cuenta en Twitter la Ministra Carolina Schmidt fiel a su estilo no-confrontacional -- como si fuera posible dibujar una equivalencia de fuerzas--como si el Estado, y dos mujeres y un niño mapuche, se encontraran en "igualdad de oportunidades." Algo quizás a lo que debiéramos aspirar, pero una sugerencia que es, hoy por hoy, no solo un absurdo o una falsa equivalencia, sino una que nos parece profundamente hipócrita.


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Publicado en el blog del Observatorio de Género y Equidad y estadista.org (18 de enero)

27.11.11

Tanto más que látex

Nuevamente el gobierno nos entrega una campaña contra el sida sin condones. Esta es una campaña que pone todas sus fichas en la detección, por sobre la educación como prevención. Dado que el correcto uso del condón es la más efectiva forma de prevenir el contagio durante el sexo, ¿por qué la "alergia al látex" del gobierno? Aventuro aquí una respuesta: su eliminación de la campaña es porque quienes nos gobiernan hoy saben que el condón es tanto más que látex.

El condón importa. Como estrategia preventiva, el condón pone el énfasis en ciudadanos activos, que toman decisiones sobre sus cuerpos. El condón muestra que hombres y mujeres pueden y deben tomar pasos concretos para protegerse y proteger a otros del VIH/sida, de enfermedades de transmisión sexual, y del embarazo no deseado. La educación sobre el condón enfatiza la autonomía decisoria y, por lo tanto, política de ciudadanas y ciudadanos.

El condón importa, porque es parte de un arsenal que nos permite decidir qué, cómo, cuándo, dónde, con quién y con qué finalidad mantenemos relaciones sexuales, desarrollamos nuestra afectividad, y expresamos nuestras identidades. El acceso garantizado a tecnologías de auto-cuidado--que en su totalidad incluyen el acceso a una educación sexual integral, la anticoncepción y el aborto libre, seguro y gratuito--devuelven a las personas el control sobre su sexualidad, otorgándoles capacidad de acción, además de responsabilidad sobre sus acciones. Esto es lo que llamamos "ciudadanía sexual."

El condón importa, porque como paso previo al sexo evoca esa gran lucha del feminismo que consagró como un derecho inalienable de las personas el poder decidir tener o no sexo, y bajo qué condiciones. Esto es lo que conocemos como consentimiento: un acuerdo entre las partes que permite discernir y acordar de modo consciente y explícito las condiciones bajo las que se mantendrán relaciones sexuales. El condón es una barrera, y como tal es espacio para conversar. El condón igualiza, creando un espacio activo de deliberación sobre el sexo: tanto para hombres como mujeres, el condón crea un espacio de autodeterminación sexual.

Y estas son las razones por las que el condón causa escozor en el gobierno. Su remoción del lugar privilegiado que le pertenece dentro de una campaña preventiva no es simplemente la expresión irracional de un pechoñismo pequeño-burgués que será eventualmente superado. Considerado en conjunto con el desplazamiento del enfoque de la campaña sobre el cuerpo de la mujer embarazada--esto es, la activa patologización de la madre como potencial riesgo para su hijo--su ausencia aparece como parte de una estrategia alevosa del reaccionarismo radicalizado cuyo fin es limitar el control de nuestro cuerpo y por lo tanto nuestra ciudadanía.

El gobierno, nuevamente, se niega a hablarnos de sexualidad. Se rehusa a reconocer la sexualidad como un elemento intrínseco del ser-ciudadano. Su postura sigue siendo que sexo, género y sexualidad son "asuntos privados"--toda vez que la decisión de marginar estos temas del Estado es netamente política. Es así que se entiende además por qué los condones han ido desapareciendo progresivamente de la salud pública, o que en el "ofertón" de programas de educación sexual el condón haya sido puesto en un lugar subsidiario. La privatización del sexo es ideológica, pero sus efectos netos son reales. En este caso la negligencia del gobierno se traduce en más ignorancia, más contagios innecesarios, y más muertes.

Por la razón, y con condón. Eliminar el enfoque sobre el condón niega el libre ejercicio de nuestra sexualidad. Borrarlo limita nuestra ciudadanía convirtiéndonos en actores pasivos frente a decisiones que afectan a nuestros cuerpos. Evitarlo es perpetuar el sexo como escena primordial de la desigualdad. El condón es tanto más que látex y tanto más que un método preventivo: es también una forma de hacer ciudadanía.


por Iñigo Adriasola, para Estadista.org

Imagen: "Salvavidas." Campaña pro-uso del condón del Gobierno de Australia, c 1990.